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Satanismo: La Verdadera Historia de Lúcifer

 
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Mudroh
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MensajePublicado: Mie Jul 23, 2008 8:11 pm    Asunto: Satanismo: La Verdadera Historia de Lúcifer Responder citando

Un amigo me pasó un material de importante contenido espiritual que les compartiré.
(Dividiré la monografía en varias partes)

PARTE 1:
Lucifer... La simple mención de su nombre parece evocar el olor del azufre. Se le imagina como el ángel más bello de la creación y también como el causante del mayor drama cósmico jamás ocurrido. Cuenta la leyenda que, seducido por su propio orgullo, arrastró a una gran parte de los ángeles que adoraban a Dios, provocando una rebelión cuyas consecuencias. últimas son la existencia del dolor, la maldad y la muerte en el mundo. Lucifer es considerado desde entonces como el ideólogo del mal, el instigador del lado oscuro del hombre, el tentador primero. Pero su historia está llena de contradicciones, y una de ellas es la ausencia de una verdadera historia.

Porque, un acontecimiento de tal magnitud, de tamaña trascendencia para el ser humano, no podía pasar desapercibido para los autores de la Biblia. En sus páginas deberíamos encontrar un relato pormenorizado del suceso y de cuáles fueron sus causas.

Pero no es así. De hecho, el nombre de Lucifer ya no aparece en ninguna Biblia moderna, aunque sí estuvo presente en las antiguas. Fue borrado de la historia, pero no de la leyenda. En realidad, todo el mito moderno de Lucifer parte de un equívoco, de un simple error de traducción.

"Lucifer" es una palabra latina que significa "portador de la luz". Fue empleada por San Jerónimo en Ia elaboración de la Vulgata —la versión en latín de la Biblia— para traducir el término hebreo Helel (literalmente «resplandeciente») de un texto de lsaías. Fue una elección meditada, que buscaba conciliar los distintos sentidos que —según algunos— el texto hebreo parecía contener. Y es que, ya en aquella época, algunos "Padres de la Iglesia" habían creído encontrar en aquellas palabras ¡la descripción de la caída de Satanás!

Hasta aquel entonces Lucifer —también conocido como Heósforo— era tan sólo un dios menor de la nitología grecorromana, un hijo de la diosa Aurora que nada tenía que ver con las tradiciones judías o cristianas. Su condición de descendiente de los dioses influyó en la elección que realizó San Jerónimo.


Pero, ¿qué decía en realidad el texto de Isaías? El profeta recogía la siguiente sátira, compuesta por Yahvé evocando la derrota de su enemigo, el rey de Babilonia: «¿Cómo has caído del cielo, astro rutilante, hijo de la aurora, y has sido arrojado a la tierra, tú que vencías a las naciones? Tú dijiste en tu corazón: "El cielo escalaré, por encima de las estrellas de El elevaré mi trono y me sentaré en la montaña del encuentro, en los confines del Safón; escalaré las alturas de las nubes, me igualaré a Elyón (el Altísimo)". Por el contrario, al sol has sido precipitado, al hondón de la fosa» (Is. 14, 12-11).

La Vulgata empleó la palabra Lucifer en la traducción de la primera frase:

«¿Quomodo cecidisti de coelo, Lucifer qui mane oriebaris?...» Las sucesivas versiones a las lenguas vernáculas conservarían sin traducir esa palabra latina: «¿Cómo caíste del cielo, oh Lucifer, hijo de la Aurora?...» Desde entonces, Lucifer fue considerado un nombre propio. Había nacido la leyenda del ángel rebelde, el mito grecorromano resurgía, la leyenda .pagana se cristianizaba y el origen del mal en el mundo había sido, por fin, hallado. Se había creado un nuevo nombre y un nuevo personaje.

El mito sobreviviría luego al paso de las edades y muchas leyendas medievales se nutrirían de estas ancestrales raíces, creando relatos de gran belleza y simbolismo, pero Isaías -su autor primigenio- sabía muy poco de mitología clásica. Sus fuentes pertenecían a un ámbito cultural muy diferente y el fondo de sus palabras reflejaba un drama que nada tenía que ver con batallas cósmicas entre ángeles, pero sí de luchas entre dioses. O al menos entre hijos de los dioses...


Ultima edición por Mudroh el Mie Jul 23, 2008 8:15 pm, editado 1 vez
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Mudroh
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MensajePublicado: Mie Jul 23, 2008 8:12 pm    Asunto: La Familia de Yahvé Responder citando

PARTE 2:
La Biblia encierra muchas sorpresas. Su estudio detallado revela circunstancias que chocan frontalmente con los dogmas establecidos con el paso de los siglos. Una de ellas se refiere a las creencias originales del pueblo judío. En un principio, aunque pocos lo sepan, Israel aceptaba la existencia de otros dioses, pero sometidos a la autoridad de Yahvé. Esa concepción coincidía, a grandes rasgos, con la que tenían los cananeos, el pueblo que habitaba gran parte de las tierras que luego serían conquistadas por lsrael La principal diferencia entre ambos consistía en que, para los primeros, ese dios principal era Yahvé, mientras que, para los segundos, era Baal.


Pero Baal no era sino el hijo de otro dios llamado El, a quien sustituyó en el trono. Curiosamente, Yahvé manifiesta en la Escritura numerosas veces, su odio visceral hacia Baal, pero nunca hacia su progenitor. Sorprende que un dios celoso como era Yahvé permitiera después a los judíos utilizar esa misma palabra, «El», para designar a su persona, tal y como podemos observar en numerosos pasajes de la Biblia.

¿Por qué esa excepción con un dios de sus enemigos los cananeos? ¿Acaso se trataba de un dios diferente? Esas contradicciones han llevado a algunos exégetas a insinuar que ese dios El de los cananeos y su homónimo hebreo —también conocido como Yahvé— podrían ser en realidad el mismo dios. Hay un texto clave en el capítulo 14 del Génesis que parece confirmar tal hipótesis. Allí encontramos a dos personajes, uno judío —Abraham— y otro cananeo —Melquisedec—, que se saludan mutuamente invocando ambos al mismo dios: El-Elyón, nombre compuesto con el del dios cananeo y el superlativo «Elyón» (el Altísimo). El que tanto Melquisedec como Abraham utilizasen en su saludo el mismo nombre, no deja opción a ninguna otra explicación: ambos adoraban al mismo dios. Yahvé no era sino el nombre con el que los judíos conocerían al antiguo dios de las cananeos, y a partir de ese momento el título de «el Altísimo», utilizado hasta entonces sólo por los cananeos, pasaría también a ser empleado por los israelitas para referirse a su dios.

Y si ambos dioses eran en realidad el mismo, las «leyendas» de los textos cananeos pueden también aplicarse a Yahvé. Así, por ejemplo, se dice que de los amores de ese dios con distintas mujeres nacieron varios hijos. Uno de ellos, llamado Sahar (aurora) tiene una relación directa con la historia de nuestro personaje, pues en el texto de Isaías Lucifer es llamado Helel ben Sahar por el propio Yahvé, es decir «Lucero hijo de la Aurora». Y aquí nos encontramos con la paradoja de que —en base a ese título, y según la mitología cananea— Lucifer podría ser descendiente directo, aunque no reconocido, de Yahvé.

Antes de rechazar de plano tan heterodoxa idea deberíamos regresar al texto de Isaías. Allí comprobaremos cómo Lucifer pretendió «escalar el cielo y colocar su trono por encima de las estrellas de El». Se dice que en la Biblia, las estrellas simbolizan los miembros de la corte de Yahvé. Pero el texto menciona algo más: Lucifer ambicionaba «sentarse en la Montaña del Encuentro, en los confines del Safón». «Safón», en hebreo, significa «norte», pero para los cananeos, el Safón era precisamente la montaña donde moraba la divinidad. No lejos de ahí se encontraba «la Montaña del Encuentro», lugar donde los dioses tenían sus asambleas. La idea es casi universal: los griegos hablaban del monte Olimpo, en cuyo pico más alto vivía Zeus, y en su morada convocaba las reuniones con otros dioses; los hindúes mencionan el monte Meru, en cuya cumbre se hallaría la ciudad dorada de Brahma, punto de encuentro de dioses. Tales ideas, lejos de ser ajenas al pensamiento hebreo, se encuentran ratificadas en multitud de puntos de la Escritura, supervivientes a posteriores «retoques» más acordes con la ortodoxia monoteísta de los últimos siglos del judaísmo. Pero, ¿qué ocurría en la privacidad de las reuniones de Yahvé con los otros dioses?

Aunque el Libro de los Salmos es bien conocido, casi nunca se repara en el revelador contenido del número 82. Allí se habla de un Yahvé orgulloso, que ostenta de nuevo la jefatura entre los dioses, dispuesto a poner las cosas en su sitio. Dice así el texto:

«Elohim se yergue en la asamblea de El, en medio de los dioses juzga: ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente y guardaréis consideración a los malvados? Haced justicia al humilde y al huérfano, vindicad al infeliz y al pobre. Rescatad al humilde y al indigente,- de manos de malvados liberadle... Yo me dije: ¡Dioses sois, e hijos de Elyón todos vosotros, sin embargo, moriréis como hombres, y como cualquiera de los príncipes, caeréis».


¡Dioses sois, e hijos, de Elyón! El texto no deja lugar a dudas: los dioses juzgados, aquéllos a quien Yahvé había confiado distintas funciones, son sus propios hijos y el texto pertenece a la Biblia. Ahora bien, ¿qué funciones realizaban estos hijos de Elyón? La respuesta nos la da el Deutemnomio:

«Cuando Elyón repartió las naciones, cuando distribuyó a los hijos de Adán, fijó las Íronteras de los pueblos según el número de los Sene'El [los hijos del dios El], mas la porción de Yahvé fue su pueblo» (Deut. 32, 8-9).

Es decir, cuando Yahvé comenzó tener descendencia, dividió su reino entre sus hijos, reservado para sí una parte del territorio: el quf primero ocuparían los cananeos y luego Israel. Tal pudo ser el origen de muchas monarquías de aquella zona. Pero con el tiempo esos reyes dejaron de ser leales y cuestionaron la supremacía de Yahvé. Incluso su propío hijo Baal llegaría a arrebatarle el trono. Esa fue la razón por la que Yahvé planeó la invasión del territorio cananeo por el pueblo de Abraham: necesitaba que un nuevo pueblo fiel ocupase su antiguo territorio, le rindiera culto y le erigiera de nuevo en dios del lugar. Con ello recuperaría además del trono en aquella zona, el título que había perdido de «Dios de )os dioses» (Jos. 22, 22). En cuanto a esos otros dioses, Yahvé no dudó ni por un momento en acabar con ellos cuando lo creyó necesario. Eso sí, les dedicó bellas palabras que recórdaran su antigua magnificencia. Así, por ejemplo, ocurrió con el rey de Tiro:

«Tú eras sello de perfección —evocaba Yahvé— lleno de sabiduría y de acabada belleza; en el Edén, jardín de Elohim, habitabas. Tú eras un querubín consagrado como protector. Yo te había establecido; estabas en la Santa Montaña de Elohim... hasta que se descubrió en ti la iniquidad. Se enegrió tu corazón por tu belleza, echaste a perder tu sabiduría por tu esplendor. Por tierra te he derribado... te he arrojado de la Montaña de Elohim, y te he destruido, ¡oh, querubín protector!» (Ez. 2Cool.
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MensajePublicado: Mie Jul 23, 2008 8:13 pm    Asunto: Re: La Familia de Yahvé Responder citando

Final de mi recopilación pasada por e-mail por un amigo.

PARTE 3:
El rey de una nación vecina ¿invitado al jardín de Elohim? ¡Naturalmente! Tal era la prerrogativa de los dioses-reyes. Y entre ellos no podía faltar el faraón de Egipto, «creme. de la creme», quien —según Yahvé— destacaba sobre todos los demás como el más grande y hermoso cedro de su jardín: «Ningún árbol, en el jardín de Elohim, le igualaba en belleza». Pero, víctima plecisamente de su propio orgullo, se hizo merecedor del castigo divino: «Por haber exagerado su talla, levantando su copa hasta las nubes, y haberse engreído su corazón de su altura —continuaba Yahvé—, yo le he entregado en manos del conductor de las naciones, para que le trate conforme a su maldad; ¡le he desechado!» (Ez. 31).


Vistas así las cosas, no es de extrañar que cayera también Lucifer, el rey de Babilonia. Pero aquí hay algo que no encaja: ¿por qué no era admitido en la asamblea de los dioses?, ¿acaso era diferente de los demás? Parece ser que sí. La mayoría de las dinastías reales de la antigüedad proclamaban ser descendientes de los dioses procedentes de los cielos. Así lo afirmaban, por ejemplo, los primeros faraones, los reyes babilónicos o los emperadores chinos. Pero no así los reyes asirios. Y ese parece ser el caso de Lucifer. Cuando Isaías escribió su poema, Babilonia se encontraba precisamente gobernada por reyes asirios. Y éstos, a diferencia de sus predecesores babilónicos, nunca pretendieron que su estirpe fuera de origen divino.

Sin embargo, tras la muerte de Salmanasar le sucede un rey de oscuros orígenes llamado Sargón II. No era hijo de su predecesor. Presumía de un linaje mucho más noble. Se jactaba de contar entre sus antepasados con 350 reyes, entre los que incluía al asirio Elu-bani (? - 69l a.C.), hijo del mítico rey conquistador Adasi. Con este abolengo no es de extrañar que reclamase el mismo trato que recibían los otros reyes-dioses, pero sus exigencias nunca fueron aceptadas. Tal vez por eso juró odio eterno a Yahvé y apoyado por la fuerza de «sus señores los grandes dioses» —reza un texto desenterrado en Nínive— Sargón II arrasó la ciudad de Samaría, venciendo así a Yahvé y a los dioses que le apoyaban. Todo el reino del norte (las diez tribus de Israel) cayó bajo su dominio. Y si el Reino del sur (Judá) sobrevivió otros cien años más fue gracias a una misteriosa pero oportuna intervención del Ángel de Yahvé, que logró exterminar en una sola noche a 185.000 asirios (2 R. 19, 35). La acción, sin embargo, llegó demasiado tarde para los 27.290 habitantes de Samaría que, junto con el resto de los israelitas capturados ya habían sido desterrados y dispersados entre otros pueblos. Estas fueron las famosas tribus perdidas de Israel.

En cuanto a Sargón II, sufrió —¡cómo no!— la muerte que se merecía. Nada mencionan las crónicas asirias, salvo que «no fue enterrado en su casa». Pero el dato indica una muerte poco heroica en batalla, hecho que encajaría perfectamente con la descripción de la Biblia: «Todos los reyes de las naciones reposan con honor, cada uno en su morada -precisaba Yahvé al final de su sátira, pero tú eres arrojado lejos de tu sepulcro, como un vástago despreciable, como un cadáver pisoteado» (ls. 14, 18-19).

Ese fue, con toda probabilidad, el fin de Lucifer, el rey despechado que conquistó todo en su vida menos el título de Hijo del Cielo. Sólo tuvo la gloria de arrebatar a Yahvé uno de sus reinos y poder demostrar así ante todos la vulnerabilidad del «dios de los dioses». Pero, ¿quién era ese tal Yahvé cuyo poder fue puesto en entredicho por un simple mortal?

Se trataba de un «dios de raza», ligado a un territorio y a un pueblo. Uno de los muchos que «controlaban», para bien o para mal, el destino de los países. Ostentaba el cargo de «dios supremo» en las asambleas que los dioses realizaban periódicamente para tratar asuntos de estado. Y su estatus fue cuestionado. Primero fue su propio hijo 8aal quien le usurpó el trono. Y luego sería el rey dé Babilonia quien pretendería desplazarle de su lugar. He ahí el Lucifer histórico, aquél a quien el tiempo y la leyenda transformarían en el «ángel que quiso ser Dios». Pero ni Yahvé ni «sus hijos» eran realmente dioses.


De entrada, la más que confusa historia de Sargón sólo parece cobrar sentido a la luz de la antigua creencia sumeria se gún la cual ciertas «personalidades» sobrevivían a la muerte física y era posible identificarlas después de que habían tomado un nuevo cuerpo recuperando entonces la misma posición social que tenían anteriormente. Según la teoría que podría derivarse de esto, los dioses caídos del cielo que dominaron la tierra en un pasado remoto —y que la tradición judeo-cristiana recuerda como Nefilim, Hijos de Dios o Ángeles Caídos— no sólo tuvieron descendientes sino que probablemente acabaron reencarnándose en esta estirpe celeste, dotada de cualidades especiales, y establecieron las monarquías hereditarias de origen divino como una forma de perpetuar su poder terrestre. [Para más detalles sobre este mito, referirse al Libro de Enoc].

Algunas escuelas esotéricas difieren de esta visión refiriendose a los espíritus Luciferinos como angeles que se rebelaron conttra el dios creador de nuestro sistema solar o de nuestro zona del Universo, siendo precipitados por ello a un nivel inferior, en el que "trajeron la luz" al hombre, enseñándole al hombre cómo podía dejar de ser un esclavo de los dioses y convirtiéndose en su propio dueño y señor. Dichos seres incorpóreos representados en diversas tradiciones coo serpientes, hicieron esto con el propósito de utilizar el cerebro del hombre para adquirir conocimiento, despertando en en él individualidad y la conciencia, pero arrojándole al tiempo en brazos del sufrimiento y la enfermedad.

Para las más diversas comentes metafisicas y esotéricas, el nombre de Lucifer personifica una poderosa realidad invisible que trasciende su estricto significado etimológico y encarna el espíritu de rebelión. Otras corrientes van más allá, afirmando que estos seres estaban dotados —por lo menos temporalmente— de cuerpo físico, capaces al mismo tiempo de actuar en otros plano más sutiles actualmente vetados al hombre. Aesto último le agregan que desde la famosa expulsión del Paraíso, el acceso a tales planos está limitado tan sólo a unos pocos seres llamados «iniciados», y que el día en que la raza humana tenga plena conciencia de esos planos, el poder de los «dioses» sobre nosotros habrá terminado. Una idea bastante intrigante, aunque no deja de ser un mito.
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MensajePublicado: Mie Jul 23, 2008 8:26 pm    Asunto: La caída Responder citando

VERDADES

Según la mitología Judeo-Cristiana, el Hombre fue separado de su 'Creador' cuando comió del Árbol del Conocimiento, adquiriendo sabiduría y conciencia de sí mismo. Todo ésto fué prometido, al mejor estilo de Prometeo, por la Serpiente, Satán. Tal acto colocó al hombre en el camino a la divinidad potencial, y así fue como la humanidad cayó de su estado de gracia ante los ojos de Dios. (Gen. Caps. 2,3) La leyenda del Génesis es una elaboración Hebrea de la épica Babilónica de la Creación, la cual nos cuenta que el hombre atrajo sobre sí la cólera de los Dioses al adquirir, de manera similar, el don divino de la sabiduría. También aparece una serpinte. —Origen Caldeo del Génesis, tratado escrito por G. Smith. Tanto en el Génesis como en las leyendas Babilonias, el tema central es la separación del Hombre de Dios (o los Dioses), después de haber adquirido atributos divinos, por medio de un Ser considerado 'maligno' por la divinidad de turno. El don Satánico consistiría pues, en separar al hombre de la subordinación y dependencia divinas, y de las condicones de toal aburrimiento que reinan en el 'Edén', lugar en el cual nada cambia, milenio tras milenio, todo por voluntad de Dios. Es precisamente de la adoración de Dios de la que el Hombre es liberado por la 'Serpiente', de la misma manera como Satán se liberó a sí mismo y a un alto porcentaje de las huestes angélicas de la tiranía divina, narrado de manera tan brillante por John Milton en su 'Paraíso Perdido'...
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MensajePublicado: Mie Jul 23, 2008 8:31 pm    Asunto: Re: Responder citando

BLASFEMIA

La adoración a Dios, cualquiera que sea su tipo, incluendo especialmente la adoración al Diablo, es la negación suprema del Don de Satanás, ya que su promesa a la Humanidad fue de que 'seríamos como Dioses', al liberarnos de la tiranía Divina. Los psicólogos modernos lo llaman auto-consciencia; el autodenominado AntiCristo, es decir, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche lo llama autosuperación; ambas declaraciones se hace énfasis en el Ser, liberados de los lazos del conformismo rebañero, proclamado por la superstición sacerdotal de la moral de rebaño El único 'Dios' al que adora el Satanista es su propio Ser, lo que nos lleva a una entidad Divina concebida por nosotros. El adorar otra cosa que no sea el Ser es despreciar el Don de Satán.

Éste principio fue descrito maravillosamente por Anatole France en su obra 'La Rebelión de los Ángeles'. Satán dirige un ataque al Cielo y sale victorioso. Arroja a Ialdabaoth (es decir, Jehová) al Infierno y asume su trono... "Y Satán halló inmenso placer en la adoración y en el ejercico de su gracia; amaba escuchar sus palabras de sabiduría y ver sus muestras de poder..." "Satán, cuya piel había temblado, hace mucho tiempo, con solo pensar en la idea de que el sufrimiento prevalecía en el mundo, se sentía inaccesible a la piedad. Veía a la muerte y al sufrimiento como el feliz resultado de su omnipotencia... el sabor de la sangre de sus víctimas ascendía hasta él como el aroma del incienso... llegó a condenar la inteligencia y a odiar la curiosidad. Se negó a aprender algo más, por temor a que si adquiría más conocimientos podía dejar ver que no lo sabía todo... entonces el denso humo de la Teología llenó su cerebro... los siglos pasaban como segundos... entonces, un día, desde las alturas de su trono, dirigió su mirada a las profundidades del Abismo y vió a Ialdaboath en la Gehenna, donde él mismo lo había encadenado hacía mucho tiempo. En medio de la Oscuridad sempiterna, Ialdabaoth conservaba su porte altivo. Ennegrecido y destrozado, terrible y sublime, miró hacia arriba, al palacio del Rey del Cielo con una mirada de profundo desdén, y acto seguido tornó la faz. Y el nuevo dios, mientras miraba por encima del hombro, observó pasar ante su turbada conciencia la luz de la inteligencia y el amor. Y he aquí, que Ialdabaoth se hallaba contemplando la Tierra y, viéndola hundirse en la maldad y el sufrimiento... se levantó... y de ahí en adelante se dedicó a instruir y consolar a la humanidad..."

Pero eso no era más que una pesadilla que estaba teniendo Satán. Aún no había comenzado su guerra contra Dios, y se despertó bañado en sudor... "Camaradas" dijo Satán a los que se hallaban a su alrededor, "No! No conquistaremos los cielos! Ya tenemos poder suficiente. La guerra engendra guerra, y la victoria derrota. Dios conquistao se convertiría en Satán; Satán, al conquistar, se convertiría en Dios. Que los Hados me libren de semejante Destino; amo al Infierno que dio forma a mi genio. Amo la Tierra, donde he hecho algún bien... ahora, gracias a nosotros, dios se halla desposeído de su imperio terrestre, y todo ser pensante que habita en ese globo lo desdeña o lo desconoce. Pero qué importancia tiene que los hombres no se sometan a Ialdabaoth si el espíritu de Ialdabaoth se halla en ellos; si ellos, al igual que él, son celosos, violentos, codiciosos, y desdeñan el arte y la belleza?... en lo que a nosotros concierne... hemos derrotado a Ialdabaoth, nuestro tirano, si y sólo si en nuestro interior hemos derrotado la Ignorancia y el Temor. En nosotros, y solo en nosotros, es donde debemos atacar y destruir a Ialdabaoth."

El Satanista no reza, ni le ruega a Satán, ni realiza ejercicios de doblar la rodilla. Reconoce al dios que habita en su interior y se esfuerza para sacarlo a la luz. Si lleva a cabo rituales o declara sus creencias Satánicas, lo hace solo para evocar los poderes de su propio Ser, latente o lo que sea, y toma control de las energías que sólo hasta ahora están siendo descubiertas por las cincias mundanas.
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MensajePublicado: Mie Jul 23, 2008 8:35 pm    Asunto: LECCIÓN IMPORTANTE Responder citando

Satán y Satanistas.

<<El Diablo es el rebelde del Cosmos, el independiente en el Imperio del Tirano, la oposición a la uniformidad, la disonancia en la armonía universal, el que busca la originalidad, que se opone al orden de Dios, que representa un modo de conducta totalmente distinto; rompe la monotonía que permearía a todas las esferas del Cosmos si todo átomo en perfección inconsciente y con obediencia sumisa siguiera servilmente un curso presecrito deliberadamente."

Satán puede ser descrito como la encarnación de aquellas fuerzas que nos condcen al progreso, alterando el orden estático donde sea necesario; que lleva al Hombre de su existencia primaria y animal a lo que es verdaderamente 'humano'. Este es el verdadero significado de la leyenda del Génesis, y de la "Caída" del Hombre de su estado de gracia ante los ojos de 'Dios'.

Satán no es Dios, sino un Anti-Dios. No exige ser adorado; al contrario, que el hombre adore al Dios que lleva dentro de SíMismo, y que se esfuerze por llegar a formas mas elevadas de Ser, ya que al obrar así honramos tanto a Satán como a nosotros mismos>>

por: Templo de Tezcat.
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MensajePublicado: Lun Jul 28, 2008 9:10 am    Asunto: Re: LECCIÓN IMPORTANTE Responder citando

SOMBRA

"Cada uno de nosotros proyecta una sombra tanto más oscura y compacta cuando menos encarnada se halle en nuestra vida consciente. Esta sombra constituye, a todos los efectos, un impedimento inconsciente que malogra nuestras mejores intenciones".
C.G. Jung

"...ese poder oculto que mana ininterrumpidamente de nuestro lado más sombrío..."
Doris Lessing

"Esta cosa oscura que reconozco mía."
William Shakespeare

En la antigüedad los seres humanos conocían las diversas dimensiones de la Sombra: la personal, la colectiva, la familiar y la biológica. En los dinteles de piedra del Templo de Apolo en Delfos —construido sobre una de las laderas del monte Parnaso— los sacerdotes grabaron dos preceptos, que han terminado siendo muy famosos y siguen conservando en la actualidad todo su sentido. En el primero de ellos, "conócete a ti mismo", los sacerdotes del dios de la luz aconsejaban algo que nos incumbe muy directamente: conócelo todo sobre ti mismo, lo cual podría traducirse como conoce especialmente tu lado oscuro.

La segunda inscripción cincelada en Delfos, "nada en exceso", es, si cabe, todavía más pertinente a nuestro caso. Se trata de una máxima por la que sólo puede regirse quien conoce a fondo su lujuria, su orgullo, su rabia, su gula —todos sus vicios en definitiva— ya que sólo quien ha comprendido y aceptado sus propios límites puede decidir ordenar y humanizar sus acciones.

Nosotros somos herederos de la mentalidad griega pero preferimos ignorar a la sombra, ese elemento que perturba nuestra personalidad. La religión griega, que comprendía perfectamente este problema, reconocía y respetaba también el lado oscuro de la vida y celebraba anualmente —en la misma ladera de la montaña— las famosas bacanales, orgías en la que se honraba la presencia contundente de Dionisos, el dios de la naturaleza, entre los seres humanos.

Hoy en día Dionisos perdura entre nosotros en forma degradada en la figura de Satán, el diablo, la personificación del mal, que ha dejado de ser un dios a quien debemos respeto y tributo para convertirse en una criatura con pezuñas hendidas, desterrada al mundo de los ángeles caídos.

El encuentro con esa sombra tiene por objeto fomentar nuestra relación con el inconsciente y expandir nuestra identidad compensando, de ese modo, la unilateralidad de nuestras actitudes conscientes con nuestras profundidades inconscientes. Cuando mantenemos una relación correcta con la sombra el inconsciente deja de ser un monstruo diabólico ya que, como señalaba Jung, "la sombra sólo resulta peligrosa cuando no le prestamos la debida atención".

Cuando mantenemos una relación adecuada con la sombra restablecemos también el contacto con nuestras capacidades ocultas. En palabras de Anton LaVey, "hay una bestia en cada persona que debería ser ejercitada, NO exorcizada". Quizás de ese modo dejemos de oscurecer la densidad de la sombra colectiva con nuestras propias tinieblas personales.

Marie-Louis von Franz reconoce las relaciones existentes entre el diablo y nuestra sombra personal afirmando: "En la actualidad, el principio de individuación está ligado al elemento diabólico ya que éste representa una separación de lo divino en el seno de la totalidad de la naturaleza. Siempre se demoniza al "rebelde" que se aparta de la masa para seguir su propia senda. De este modo, los elementos perturbadores —como los afectos, el impulso autónomo hacia el poder y cuestiones similares— constituyen factores diabólicos que perturban la unidad de nuestra personalidad".
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MensajePublicado: Lun Jul 28, 2008 9:22 am    Asunto: Responder citando

PSÍQUiS

"...Sueño entonces con una religión del diablo, de antigüedad primordial,
cuyos ritos se prolongan en secreto... los nexos proliferan..."
—Sigmund Freud, en una carta a su amigo Wilhem Fleiss, fechada en Viena, abril de 1897
Uno de los aspectos más apasionantes del animal humano es su tendencia a proyectar sus miedos, temores y esperanzas en los demás, o en factores ajenos a él. El propósito de esta sección era dar una perspectiva desde el psicoanálisis de lo que el ser humano ha connotado como "malo" y suele identificar con la entidad mitológica que identifican como "Encarnación del Mal".


Freud, Jung, Fromm, Reich, todos ellos han dado explicaciones de dichos conceptos, arquetipos, figuras, ideas, etc. Sin embargo, otras corrientes psicológicas se han aproximado a éste "fenómeno", y han estudiado la cobarde tendencia humana de eludir sus responsabilidades y echarle la culpa a otros

Freud y el Diablo
"La historia del Diablo coincide con la historia del miedo y angustias propias de los psiquismos personales. La creencia en el Diablo representa en gran parte la exteriorización de dos series de deseos removidos derivados del complejo infantil de Edipo, el deseo de imitar algunos aspectos de la figura paterna y el deseo de desafiar al padre. En tal creencia se implica, por consiguiente, la emulación y la hostilidad, como componentes ambiguos de la relación con el padre. Se da aquí una identidad originaria de Dios y del Diablo, como dos aspectos de la misma realidad míticamente advertida en sus contradicciones opositoras, que se pueden estudiar en diversos contextos etno-histórico-religiosos...


El diablo refleja cuatro experiencias psíquicas diversas: el padre por el cual se siente admiración, y de cuya potencia sexual el niño siente envidia (he aquí, por tanto, la fuerza sexualizada y libídica del demonio); el padre contra el que se siente una decidida hostilidad y que es, él mismo, hostil al hijo (de aquí la figura diabólica del pene y portadora de destrucciones); el hijo que emula al padre, que copia deliberadamente a Dios (el diablo, simia Dei; el simio o bufón de Dios); el hijo que desafía al padre, el gran rebelde que se vuelve contra Dios y que es arrojado del cielo.

Sabemos, ante todo, que Dios es un sustituto del padre, o, más precisamente un padre que ha sido ensalzado... En cuanto al demonio malvado, sabemos que es considerado la antítesis de Dios, aunque siendo, por su naturaleza, muy afín a Dios... No hace falta una gran perspicacia analítica para argüir que Dios y el diablo fueron originariamente idénticos; una única figura que, a continuación, fue escindida en dos figuras dotadas de atributos opuestos... Y este es un ejemplo del bien conocido proceso por el que una representación, que tiene un contenido contradictorio (ambivalente) se descompone en dos términos opuestos en neto contraste entre ellos. De cualquier modo, las contradicciones específicas concernientes a la naturaleza originaria de Dios reflejan la ambivalencia que caracteriza la relación de cada uno con el propio padre personal.

Si el Dios justo y misericordioso es un sustituto del padre, no hay por qué asombrarse de que también la actitud hostil ante el padre, por lo cual el hijo lo odia, lo teme y se queja de él, haya encontrado expresión en la creación de Satanás".

JUNG y el Satanismo
El Dr. LaVey se basó en Carl Gustav Jung cuando desarrolló los aspectos más metafísicos del Satanismo, y debido a esto creí apropiado dar una mirada más clara de las teorías de Jung y sus relaciones con la mente Satánica.

Comencemos con una rápida mirada a Carl Jung y a su mentor, el Dr. Sigmund Freud. Cabe anotar que cuando Jung se involucró con Freud, había una diferencia de 19 años. El Dr. Freud ya le había dado cierta credibilidad a la idea de la existencia de otros niveles de conciencia y era considerado el padre del psicoanálisis. A esas alturas lo que quería era estudiantes que aplicasen sus teorías, no que las modificasen. Inicialmente su relación fue beneficiosa para ambos, pero a medida que pasaba el tiempo las teorías de Freud se convertían en dogma. Mientras estudiantes como Jung y Adler intentaban profundizar en la epistemología del pensamiento. Esto dio como resultado una separación de todas las partes envueltas, mientras que al mismo tiempo comenzaba la investigación de Jung en por qué cada persona veía la vida de maneras tan distintas.

A Freud le atraía la idea de Jung del complejo (sentimientos, imágenes y recuerdos tan agrupados en torno a algo en particular que entre todos formaban un todo en la mente). Freud había especulado que el tabú del incesto yacía en alguna profundidad del inconsciente humano, notando que se expresaba en la mitología de manera casi ubicua. Freud sintió que el conflicto existente entre los deseos más ocultos de una persona [el impulso puramente animal que había hacia el sexo] y las reglas que habían sido impuestas contra este, tanto por la sociedad como por las funciones más intelectuales de la mente, eran la médula del comportamiento antisocial y la enfermedad mental. Llamó a esto el Complejo de Edipo y rastreó las causas de esta disfunción hasta la referencia mitológica más sencilla. Adler no estaba de acuerdo y decía que no era el sexo, sino la necesidad de poder, la que era el factor primario, de allí el complejo de inferioridad. Jung difería de ambas aseveraciones ya que para él solo eran dos ejemplos entre las miríadas de posibilidades. Jung creía que todos los mitos y leyendas del pasado seguían viviendo en nuestras mentes y servían como puntos de referencia para guiarnos.


Las teorías de Jung comenzaban a tomar un giro radical con respecto a las de su mentor mientras trataba a un paciente. Según el supuesto de Freud, en cuanto a que un problema psicológico, que se debía casi siempre a un conflicto en el inconsciente del paciente, se podía descubrir las asociaciones ocultas que éste había hecho (el complejo). A continuación se les hacía saber del complejo y el problema se disipaba. Durante este trabajo, Jung halló que ocuría lo contrario; que mientras más se acercaba uno a la médula del complejo, más se intensificaba la energía emocional. No solo lo dejaba sin poder dar explicación utilizando la hipótesis aceptada, sino que además lo dejaba con la pregunta ¿de dónde sale toda esta energía? En este punto fue cuando Jung desarrolló el concepto de arquetipo, declarando que se trataba tan solo de un modelo básico de algo que fuese, se ha, y posiblemente existirá, manifestado como energía latente. Luego presupuso que algo tan vasto y complejo no podía existir únicamente en la mente humana. Para explicar esto, elaboró el concepto de inconsciente colectivo [la energía colectiva latente que contiene todos los arquetipos posibles]. Como ejemplo: el etólogo Konrad Lorenz ganó un Premio Nobel en gran parte, por su descubrimiento de la manera en que el comportamiento instintual se activaba en los animales. Descubrió que los animales —incluyendo el animal humano –nacen con una predisposición interna hacia cierto comportamiento altamente especificado. Ello puede yacer latente hasta que un estímulo externo en particular lo activa. Lorenz denominó a este proceso impronta (¿suena familiar?). Una parte de cómo llegó a tal hallazgo sucedió cuando estudiaba al ganso. Dio la casualidad que se hallaba presente cuando un huevo se estaba rompiendo. El bebé ganso “grabó” a Lorenz como su madre y lo comenzó a seguir para todas partes, como hacen todos los gansos, que van siempre tras sus madres. Por lo tanto, el bebé ganso no podía tener una imagen de cómo había de ser su madre supuestamente. Esto es lo que Jung infiere al decir que los arquetipos son amorfos.

A estas alturas creo que es relevante desviarnos un poco de nuestra explicación de los conceptos básicos de Jung y elaborar un poco sobre la utilidad de este ejemplo en el dearrollo de los humanos. La flexibilidad del arquetipo es necesario para la imprdeecibilidad encontrada en el mundo; este fenómeno ha sido utilizado en huérfanos y en hijos de hogares destrozados. Lo más probable era que ausencia de una figura paterna los condenase a una vida corta y patética debido a la importancia de los padres durante los primeros años del desarrollo. Pero quienes pasaban esta etapa con éxito empleaban una táctica diferente, y más o menos creaban sus propios padres. Se les denomina "super-niños" y buscarán otras personas mayores más o menos apropiadas para el rol de modelos y forman un lazo —al menos mental— con ellos. En casos extremos esto puede implicar padres imaginarios, de esta manera la mente crea lo que le es necesario para sobrevivir. Ahora bien, si vamos un poco más allá, podremos ver el paralelo que hay con los compañeros humanos artificiales. ¿Por qué esperar a que exista ese compañero demasiado perfecto, cuando nos es dada la habilidad de crearlos? No es un precursor de de inadaptación anti-social, sino una utilización productiva del comportamiento instintual para mejorar la interacción necesaria.

Es hora de dirigirnos al "cómo" del modelo Jungiano. Jung dividió los niveles básicos de consciencia en este formato. Imaginad una pirámide, donde el ápice sea lo que conocemos como consciencia, debajo se halla el inconsciente personal (el subconsciente Freudiano) y bajo el inconsciente personal se halla una base sin fin: El Inconsciente Colectivo.

Consciente (Activo)
I
Inconsciente Personal
I
Inconsciente Colectivo

Pensad en este arquetipo como el centro, y en los complejos comolas capas de una cebolla, cada vez que desprendes una capa, descubres una capa subyacente.

El Inconsciente Colectivo es demasiado vasto para estar contenido solo en el cuerpo físico o la mente metafísica (el inconsciente personal), tratar sería como hacer que un hombre intente beberse el océano. En lugar que el cerebro actúe como receptor (aparato de comunicación) muy parecido a cómo un televisor recibe las señales de transmisión. Si esta explicación os parece absurda, pensad la forma como reaccionaría un hombre de una tribu de la selva más recóndita si se le explicase como funciona un televisor. Señales invisibles transmitidas de lejos conteniendo imágenes y sonido. Por lo menos si desafiase la Navaja de Occam, sería mucho más sencillo decir que la caja crea las imágenes y sonidos.

Los aspectos pertinentes al el Satanista es el medio para la transmisión del pensamiento y el deseo. ¿Alguna vez se han preguntado por qué el Dr. LaVey se refería al hecho que otros hiciesen tu voluntad, en vez intentar “trucos de salón” con los rituales? Ahora tienes una idea del conducto de transmisión de toda la energía emocional.

La mente consciente se caracteriza sobre todo por ser algo cerrada. Solo puede retener ciertos contenidos simultáneos en un momento dado. Todo el resto es inconsciente en el momento, y solo tenemos cierta continuidad o cierto entendimiento o consciencia general de un mundo consciente por medio de la sucesión de momentos conscientes. Nunca podemos retener una imagen en su totalidad debido a que nuestra consciencia es muy cerrada. El área del inconsciente es enorme y es siempre continua, mientras que el área de la consciencia es un campo restringido de visión momentánea. –Carl Jung

Todos los conceptos provienen del inconsciente colectivo a través de del inconsciente personal y luego a la consciencia activa donde pueden ser interpretados y puede actuarse sobre ellos, y subsecuentemente añadidos para un desarrollo posterior y como puntos de referencia. Así, creando un modelo de trabajo mejor para preparar la entidad para encuentros futuros y permitirles hacer predicciones en cuanto a los posibles resultados.

La investigación de Jung en los métodos de percepción evolucionó en la clasificación de los tipos de personalidad básicos o el arquetipo humano. Clasificados por cómo el individuo se relaciona con el mundo. Las teorías de Jung se relacionan con lo antes mencionado de que tenemos niveles diferentes de consciencia, pero que sólo somos capaces de reconocer de forma primaria en nuestra consciencia activa (función primaria) y parradójicamente las demás funciones siguen actuando pero en un nivel del que conscientemente nomsomos conscientes. Al elegir una función primaria se rechaza la “intervención” del opuesto (función inferior). Los modelos básicos pueden ser representados como:

Pensamiento Primario
I
I
Sensación ---+----- Intuición
I
I
Sintiéndose Inferior
(Posibles funciones secundarias)



En este ejemplo podemos observar el modelo de un tipo de personalidad “Racional”. Al asignar la función primaria a cualquiera de éstas cuatro formas básicas, puede tenerse una visión general de la naturaleza de un individuo. Antes de avanzar más, debemos definir las distintas formas de percepción. La función del pensamiento es más que aparente por su nombre, y como podría suponerse, tiene mucho que ver con la lógica en cuanto a la percepción de situaciones diversas. La función sensorial no tiene nada que ver con las emociones, como su nombre lo implicaría, es mejor referirnos a ella como “el asignar un valor a un objeto o situación”. Estas son conocidas como funciones racionales. Las otras dos se denominan funciones irracionales, no como un término denigrante, sino como las áreas abstractas con las que están relacionadas; ya que están con el objeto en sí, no en cómo tratar con ello. La definición de Sensación es también obvia, no es más que la información asimilada por los sentidos. Mientras que la intuición es mejor descrita como si se tuviese una línea directa con el inconsciente colectivo o la capacidad de trabajar con una “corazonada”. Otra área de tipo humano con la que trató Jung fue el Eje Introversión – Extroversión, como partes mutuamente exclusivas de la naturaleza de una persona. Esta es la respuesta a “cómo” se relaciona uno con el mundo. Para aclarar conceptos, un extrovertido busca estímulos externos y obtiene energía actuando con sus impulsos interiores. Esto añade una clasificación descriptiva a la ecuación. Podrías ser alguien sensato y extrovertido, o alguien sensato e introvertido. El introvertido reaccionaría a la información acumulada gracias a su propia visión interna del mundo, mientras que el extrovertido le daría significado basado en otros factores percibidos de manera externa.

Para dar al lector una idea de cómo estos niveles diversos de consciencia pueden existir y funcionar simultáneamente sin el conocimiento de su funcionamiento por parte del individuo, ofrezco esta breve descripción de lo que conocemos como existencia consciente, tomado de “ontogenia y filogenia” de haekel, o un individuo que atraviesa por las mismas etapas de desarrollo que las especies.

El cerebro triuno de MacLean, o el "chasis neural" que fuera popularizdo por Carl Sagan en su libro Los Dragones del Edén, añadiendo un circuito cerebral más sofisticado al chasis neural (la médula espinal o cerebro posterior). El complejo R o cerebro reptil, que juega un papel importante en la agresividad, territorialidad, ritual y desarrollo de jerarquía social, apareció aproximadamente hace unos 250 millones de años (nótese el simbolismo, cerebro sangre fría — cerebro reptil). El sistema límbico o cerebro mamífero (que regula la glándula pituitaria) controla las emociones, gobierna la consciencia social, las relaciones y preservación de la especie. Probablemente hizo su aparición hace 150 millones de años. La neocorteza o cerebro primate (conocida también como cerebro visual) Está más orientado al estímulo externo, controla las funciones superiores del cerebro como el raciocinio, el lenguaje, etc. También controla las tareas de percepción complejas (visión y lectura). Aunque apareció probablemente en mamíferos superiores decenas de millones de años atrás, su desarroló se incrementó aceleradamente con la aparición del homo sapiens. Todos estos sistemas pueden ser vistos en pleno funcionamiento en el hombre moderno y el conocimiento de cómo operan es irrelevante en cuanto a las tareas que desempeñan.

Un paradigma similar puede ser visto en pleno funcionamiento en los modelos de Jung del desarrollo individual ya que éste también se da en etapas, cada una arreglando ciertas condiciones para que se de la siguiente. Las etapas son: Desarrollo y refinamiento de los arquetipos (niñez y adolescencia) durante este tiempo reunimos información sobre nosotros mismos y nuestro mundo gradualmente a medida que que la personalidad se define más y más. La información procedente de las funciones inferiores comienza a formar la antítesis de la persona; la sombra personal. Comienza la siguiente fase de desarrollo: la sombra sigue creciendo en intensidad y se da a conocer manifestándose en las personas u objetos que dan un “gancho” para que ésta tenga asidero.

Probablemente ya estáis familiarizados con este fenómeno. Si alguien descubre que eres un Satanista casi siempre reaccionará con un odio vehemente hacia ti, atribuyéndote “males” que no te conciernen de modo alguno y nada puede ser dicho o hecho para demostrarles lo contrario. Estas características son parte de su propia sombra (lo que más odian en ellos mismos). El que tú seas el Satanista les dio la excusa conveniente para que su sombra tuviese algún asidero. Ya no te ven; en tu lugar ven proyectada ésa sombra personal. Una rápida mirada al mundo exterior nos muestra que muchos no pasan de esta etapa de llegar a un acuerdo con su sombra, donde quiera que mires siempre verás personas que se llaman a sí mismas "buenas" mostrando una sombra que está siendo proyectada. Si, y cuando, se domina la sombra, comienza una nueva lucha. Esta vez es el Anima/Animus a quien debes enfrentar. El Anima/Animus es todos los aspectos de tu ser que te encanta ver representados en el sexo opuesto, por ello es que se denomina con los términos latinos masculino y femenino, respectivamente. Esto servirá como parámetro a la hora de buscar pareja. El peligro radica en el estancamiento y en enamorarse de, o ser tan egocéntrico que irás ciegamente al desastre sin conocer tus puntos débiles. (por ejemplo, ser un egomaníaco) Esto prepara al individuo para las etapas finales del proceso de individuación. Un encuentro con el ser, o el "dios dentro del hombre". Este es el momento de la auto realización, el conocimiento personal tanto de tus puntos fuertes como de tus puntos débiles, y el surgimiento del Yo y del inconsciente colectivo como heraldos de una nueva consciencia. ¿Acaso dije etapa final? Pues bien, mentí, el proceso no termina allí, no mientras sigas respirando.

El hombre no cambia en el momento de la muerte y se vuelve inmortal, sino que es a la vez mortal e inmortal aún mientras vive, siendo tanto Yo como Ser —Carl Jung

Terminaré con algunas asociaciones de términos para quienes tengan mente "diabólica":

Inconsciente Colectivo --- Fuerza Oscura en la Naturaleza

Satán — El Arquetipo Preferido

Yo + Fuerza Oscura en la Naturaleza = El Dios Dentro Del Hombre

El Hombre es Dios!

Hail Satan!



Material reimpreso de la publicación Satánica Not Like Most #7 por cortesía de Matt G. Paradise, Sacerdote de la Church of Satan (CoS). ©1998 y más allá. Para mayor información, por favor contactar al editor a boysatan@aol.com
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JUNG y Satán
No me suscribo —al menos no del todo —a la teoría de que Satán sea la Fuerza Oscura en la Naturaleza; la Naturaleza tiene cierto tipo de "fuerzas" que están más allá de una comprensión inmediata.... al conjunto de fuerzas que operan en el Universo, es decir, a la interacción conjunta de los fenómenos de gravedad, electromagnetismo, fuerza débil,más el factor azar que atrae y repele todo en el Universo, a éso me refiero cuando hablo de Fuerza Oscura..., pero el categorizarlas y "etiquetarlas" no me parece muy apropiado. En mi opinión, el llamarle Oscuro, hace pensar, aunque no necesariamente, en la dualidad luz/oscuridad, etc, y no es que sea muy adaptable para un público que en su mayoría piensa de forma dual...

Una forma más "apropiada" de describir a Satán, sea equiparándolo al arquetipo Jungiano de la "Sombra", me refiero a la teoría del Inconsciente Colectivo de Jung, cuando habla de los cinco arquetipos principales, y el que correspondería a Satán, es el de la "Sombra", la cual es el "lado oscuro" de la naturaleza humana. La Sombra encierra lo que es biológico, instintual, sexual, ya saben lo que a ciertas personas se les ha dado por denominar "el lado malo" o "la parte malvada" del hombre. Un contenido que se halla más que todo en el inconsciente. Sin embargo hay ciertos elementos de nuestro inconsciente, que querámoslo o no, lo proyectamos hacia otras personas, lo cual consideramos, en medio de nuestra atrevida ignorancia, que es lo mejor que podemos hacer, o por lo menos lo más aceptable.

Veamos como opera la Sombra: Si no se "externaliza", se vuelve cada vez más densa, se reprime en nuestro inconsciente, se reprimen todos esos deseos insatisfechos, se retienen, por lo que es necesario externalizarla de vez en cuando; sin embargo, no se puede proyectar muy lejos en el inconsciente, ya que si lo hacemos, se puede volver contra nosotros, como una bestia desenfrenada, no tendría control sobre sí misma, lo que daría como resultado que en un momento dado nos hallemos gobernados por nuestras emociones e instintos, y unirlos no es muy recomendable que digamos, ya que podría meternos en serios problemas... que es lo que suele ocurrir con las personas impulsivas. Así que es muy muy importante, el de poder delimitar el dominio de la Sombra, y no dejarla avanzar. Hay que proyectarla, pero a la vez, no se puede proyectar demasiado... Y eso es lo que necesitamos ejercitar, de manera efectiva; la llama de Satán que arde en nuestro interior.

Para la muestra, he aquí una serie de citas de Jung, que los harán reflexionar un poco...



"Desafortunadamente, no cabe duda, de que el hombre es, menos bueno de lo que él se imagina que es, o de lo que quiere ser. Todo el mundo carga consigo una sombra,y mientras menos incorporada esté en la vida consciente del individuo, es más densa y negra. Si una inferioridad es consciente, siempre habrá una oportunidad de corregirlo. Además, está constantemente en contacto con otros intereses, por lo que está sujeta continuamente a cambio y modificación. Pero si se halla reprimida y aislada de la conciencia nunca se corregirá."

"Psicologia y Religión" (1938). En CW 11: Psicología y Religión: Este y Oeste p.131


Es un pensamiento aterrador, el que el hombre tenga una sombra constantemente a su lado, compuesta no solamente de sus pequeñas debilidades y fobias si no también de un dinamismo positivamente demoníaco. El individuo poco sabe de ésto; para él, como individuo que es, es increíble que pueda ir,casi en cualquier circunstancia, más allá de él mismo. Pero dejen que estas pequeñas criaturas-individuos formen una masa, y emergerá un monstruo enfurecido; y cada individuo será como una pequeña célula en el cuerpo de ése monstruo, así que para bien o para mal,debe acompañarlo en su sangriento desorden y hasta asistirlo hasta las últimas consecuencias. Al tener una leve sospecha de estas posibilidades siniestras, el hombre se hace el de la vista gorda ante ése lado sombrío y oscuro de la naturaleza humana.

Lucha ciegamente ante el dogma saludable del pecado original, el cual, sin embargo, es prodigiosamente verdadero. Sí, hasta duda admitir el conflicto del cual está dolorosamente consciente.

"Sobre la Psicología del Inconsciente" (1912). En CW 7: Dos Ensayos sobre Psicología Analítica p.35


Sabemos que los dramas más violentos no son representados en el cine o el teatro, sino en los corazones de las personas comunes y corrientes que pasan a nuestro lado sin que nos demos cuenta, y quienes no reflejan nada al mundo de los conflictos que habitan en ellos excepto posiblemente cuando sufren un colapso nervioso. Lo que resulta tan difícil de entender para el hombre de la calle es el hecho de que en la mayoría de los casos los mismos pacientes tienen la mínima sospecha de la guerra interna que tiene lugar en su inconsciente. Si recordamos que hay mucha gente que no entiende nada en absoluto sobre ellos mismos, estaremos menos sorprendidos al darnos cuenta de que también hay personas que desconocen completamente su estado actual.

"New Paths in Psychology" (1912). In CW 7: Dos Ensayos sobre Psicología Analítica p.425


Si te imaginas a alguien que sea lo suficientemente valiente para retirar todas sus proyecciones, tendrás a un individuo que es consciente de una sombra bastante grande. Tal individuo se ha cargado a sí mismo con nuevos problemas y conflictos.Se ha convertido en un serio problema para sí mismo, ya que es incapaz de decir como reaccionarán, si harán esto o lo otro, si están mal, y que debe luchar contra ellos. Tal persona sabe que lo que esté mal en el mundo está en sí mismo, y si sólo aprendiera cómo tratar con su propia sombra habrá hecho algo por el mundo. Habrá tenido éxito al disminuir, así sea una parte infinitesimal del gigantesco cúmulo de insolutos problemas sociales de nuestros días.

"Psicología y Religión" (1938). En CW 11: Psicología y Religión: Este y Oeste p.140


Hay una diferencia abismal entre lo que el hombre es y lo que representa, entre lo que es como inividuo y lo que es como ser colectivo. Su función se ha desarrollado a expensas de la individualidad. Si sobresaliera, se haría idéntico a su función colectiva; pero si no, entonces aunque sea altamente estimado como elemento funcional e la sociedad, su individualidad quedaría completamente en el mismo nivel de sus funciones inferiores no desarrolladas, y no es más que un bárbaro, mientras que en el caso anterior se ha engañado felizmnete en su barbarismo actual.

Tipos Psicológicos (1921). CW 6: P.iii


"¿Cómo más pudo habérsele ocurrido al hombre el dividir el cosmos, en la analogía de día y noche, verano e invierno, en un mundo de luz y un mundo de oscuridad habitados por monstruos fabulosos, a menos que tviera el prototipo de tal división en sí mismo, en la polaridad entre el consciente y el invisible e intangible inconsciente? La percepción de los objetos del hombre primitivo está parcialmente condicionada por el comportamiento objetivo de las cosas mismas, mientras que una gran parte de éste es representado por los hechos intrapsíquicos, los cuales no están relacionados con los objetos externos excepto en la forma como se proyectan. Esto se debe a la sencilla razón de que el hombre "primitivo" aún no ha experimentado ésa disciplina ascética de la mente, que conocemos como la crítica de la razón. Para él, el mundo es más o menos un fenómeno muy fluido dentro de su propia fantasía, donde sujeto y objeto no están diferenciados y se hallan en un estado de interpenetración natural".

"Aspectos Psicológicos del Arquetipo de la Madre" (1939) En CW 9, Parte 1: Los Arquetipos y el Inconsciente Colectivo p. 187


Llevada a su más profundo sentido, la sombra es la cola sauriana invisible que el hombre arrastra tras de sí. Cuidadosamente amputada, se convierte en la Serpiente de los misterios antiguos. Sólo los monos hacen ostentación con su cola.

La Integración de la Personalidad (1939)


Tal como tendemos a asumir que el mundo es tal como lo vemos, suponemos ionocentemente que las personas son tal como nos las imaginamos. En este último caso, desafortunadamente, no tenemos una prueba científica que nos muestre la discrepancia entre nuestra percepción y la realidad. Aunque la posibilidad de una enorme decepción sea infinitamente grande aquí que en nuestra percepción del mundo físico, seguimos proyectando inocentemente nuestra propia psicología en los demás seres humanos. De esta manera, todo el mundo crea para sí mismos una serie de relaciones más o menos imaginarias basadas esencialmente en la proyección

"Aspectos Generales de la Psicología del Sueño" (1916). En CW 8: La Estructura y Dinámica de la Psique p.507


Todo lo que el hombre debería, y sin embargo no puede, ser o hacer —serlo en un sentido positivo o negativo —vive como una figura mitológica y como una anticipación en su conciencia, bien sea como una proyección religiosa o —lo que es aún más peligroso —como contenidos inconscientes , que se proyectan espontaneamente a sí mismos en objetos incongruentes, por ejemplo, las doctrinas de "salvación". Todas ellas no son más que sustitutos racionalizados para la mitología, y su innaturalidad hace más ml que bien.

"La Psicología del Arquetipo del Niño" (1940). En CW 9, Parte I: Los Arquetipos y el Inconsciente Colectivo p.287


El cambio de carácter que resulta del estallido de las fuerzas colectivas es sorprendente. Una persona gentil y amable puede transformarse en un maníaco o en una bestia salvaje. Uno siempre tiende a culpar circunstancias externas, pero nada estallaría en nosotros si no estuviera allí con anterioridad. De hecho, vivimos constantemente en el borde de un volcán, y hasta donde sabemos, no hay manera de protejernos de una posible erupción que destruiría todo lo que esté a su alcance. Ciertamente es bueno predicar la razón y el sentido común, pero que tal si tuvieras como audiencia un asilo para alienados mentales o una muchedumbre en frenesí colectivo? No existe much a diferencia entre ambos, ya que tanto el loco como la muchedumbre son movidas por fuerzas enormes e impersonales.

"Psicología y Religión" (1938). En CW 11: Psicología y Religión: Este y Oeste p.25


Cuando debemos enfrentarnos con nuestros problemas, nos resistimos instintivamente a seguir el camino que nos conduce a la oscuridad y las tinieblas. Deseamos oír sólo de resultados inequívocos, y nos olvidamos completamente de que dichos resultados sólo pueden lograrse cuando nos hemos aventurado y hemos regresado de las tinieblas. Pero para penetrar en la oscuridad debemos invocar todos los poderes de "iluminación" que nuestra conciencia pueda ofrecer.

"Las Etapas de la Vida" (1930). En CW 8: La Estructura y Dinámica de la Psique p.752


Llenar la mente consciente con concepciones ideales es una característica de la Teosofía occidental, pero no es la confrontación con la sombra y el mundo de la oscuridad. Uno no llega a la "iluminación" imaginando figuras de luz, sino haciendo conciente la oscuridad.

"El Árbol Filosófico" (1945). En CW 13: Estudios Alquímicos p.335


El Bien no se hace mejor exagerándolo, sino peor, y una maldad pequeña puede convertirrse en una grande siendo despreciada o reprimida. La sombra es una parte importante de la naturaleza humana, y es sólo en la noche que las sombras no existen.

"Una Aproximación Psicológica al Dogma de la Trinidad" (1942) En CW 11: Psicología y Religión: Este y Oeste p.286


Un hombre que sea inconsciente de sí mismo actúa de manera ciega e instintiva, y además es engañado por las ilusiones que surgen cuando ve todo de lo que no es consciente que se halla en sí mismo, cuando vienen del exterior, proyectadas en su vecino.

"El Arbol Filosófico" (1945). En CW 13: Estudios Alquímicos. P.335

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